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Técnicas de cerámica

LA LOZA DORADA: UN ARTE SUBLIME
 ( 07/06/2022 )


Emili Sempere nos habla en esta ocasión de la loza dorada, también conocida como reflejo metálico. Ninguna otra cerámica española alcanza tanto interés nacional e internacional desde la edad media para historiadores, coleccionistas y museos.

La historia sobre el origen se debe a la Mesopotamia musulmana de comienzos del Califato Abasí (750-1258), en el siglo IX. Probablemente, la gran difusión de esta técnica fue favorecida por la prohibición en el mundo árabe de la ostentación; la loza dorada sustituyó en la mesa al lujo descarado de los metales preciosos, y es así que se consigue producir la loza de reflejo. Sobre su aparición en Al-Ándalus, se barajan dos teorías: la primera es la importación de piezas durante el periodo califal, cuyos fragmentos serían los descubiertos en Medina Azahara y otros lugares; la segunda es que se empieza a producir en los reinos de Taifas. Según A.W. Frothingham (1), cuando las invasiones mongolas arrasaron, en 1260, las ciudades de Kashan y Ray, sus habitantes se vieron obligados a emigrar. Entre los que huían, es posible que se encontraran alfareros persas, esclavos o contratados, que pudieron llegar a las costas de Al-Ándalus, a la ciudad de Mālaqa (la actual Málaga), extendiéndose posteriormente a Murcia y Manises. Entre las piezas más célebres de la época se hallan los famosos jarrones de la Alhambra de Granada.
Si la cocción de la obra común vidriada en monococción en un horno de leña ya representa un riesgo para el alfarero, la serie de complejos factores que intervienen en la cocción del reflejo metálico, precisa de hasta de tres cochuras a distinta temperatura, suponen un reto aún mayor, puesto que, si se pasa de fuego, el dorado desaparece y el azul se escurre; y si, por el contrario, queda corto de fuego, el lustre del reflejo queda apagado —sin brillo—. En ambos casos la hornada es fallida, lo cual representa grandes pérdidas. Por su complejidad y peligrosidad, tan sólo los alfareros muy experimentados eran capaces de realizar la loza dorada, ya que el fracaso de una hornada o de piezas solía ocurrir cuando menos se esperaba. Es por la complejidad que representa la historia del reflejo metálico que siempre ha estado envuelta de leyenda y secretismos transmitidos de generación en generación.
Referente al estudio, se produce el aura mítica ajena a la propia índole cerámica y en torno a la sinergia dada por la corriente historiográfica del romanticismo, la envuelve de la corriente de exotismo de todo aquello que hace referencia al orientalismo islámico (moro) y al folklore andaluz de la maurofilia del romanticismo del siglo XIX. En esta repercusión mediática se encuadra el coleccionismo filantrópico, el mecenazgo por el arte y la pasión por los objetos de la antigüedad. No hay museo que no posea una amplia colección de piezas doradas: Victoria y Albert, British Museum, Louvre, Sèvres, Cluny, Islámico de Berlín, el Metropolitan, The Hispanic Society de Nueva York, el Hermitage o el Arqueológico de Lyon.

Emili Sempere

Fotos, de arriba hacia abajo:

Plato de base y borde plano decorado con arabescos y geométrica en azul. 34 cm.

Plato de tetón con bode ancho en decoración con relieve en flor de lis. 40 cm.

Benditera. 32 × 14 cm.

 

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