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Técnicas de cerámica

TETERAS
 ( 17/07/2017 )


Las teteras gozan en la cerámica de una inmensa popularidad, basta con leer los dos volúmenes de la Editorial Lark dedicados a las teteras, donde vemos 1.000 teteras de ceramistas de estilos diferentes e inclusive dispares. Las teteras Yixing en China comenzaron toda una tradición que llega hasta artistas actuales como Michael Lucero.

La tetera tal como la entendemos en la actualidad tiene su origen en la dinastía Ming (1368-1644) en China, teniendo como protagonista principal a las teteras Yixing, con un barro de gres marrón o purpurado llamado “zisha” y una fina textura superficial. El libro “Ch’a Ching” apareció en China en el año 780 d.C. pero las leyendas chinas, con una cierta mitología basada en que el emperador Shen Nong descubrió el té hace cinco mil años. Por otro lado en la India se atribuye la costumbre de beber té a Bodhidharma, fundador del budismo zen, de cualquier forma gracias al budismo las conexiones entre ambos países son evidentes. El uso del té anterior a las teteras, que por otra parte ha tenido un desarrollo algo tardío, comportaba hacer y comprimir una especie de torta con las hojas del té, que se servía en cuencos, donde se podían añadir especies, zumos, cebolla e inclusive pétalos de flores. El monje Lu Yu fue el autor del libro “Ch’a Ching” era conocido como el “santo del té”, pronto el té alcanzo Japón, se especula que tan pronto como en el siglo IX, ahora contamos con que “cha” es té, “chawan” el cuenco para el té y “chanoyu” la ceremonia del té. Gracias al jesuita portugués Jasper de Cruz se conoció el té fuera de su zona habitual, eso unido al comercio internacional de Portugal, después Holanda y España, para acabar con la inmensa popularidad del té en Inglaterra, donde es una costumbre muy arraigada y casi ceremonial. Básicamente el té a pesar de ser un producto del lejano Oriente se introdujo en Europa a mediados del siglo XVII. Siendo la tetera algo básicamente funcional es necesario observar ciertas normas de utilidad (pág. 44, núm. 3). Las formas esféricas hacen mejor té que las cilíndricas, el pitorro o pico debe estar por encima del nivel del liquido, muy próximo a la parte superior de la forma, un corte angular en el pitorro para que no vierta ninguna gota, la tapa debe permanecer en la tetera al inclinarla, en ocasiones se hace un pequeño corte y una pequeña protuberancia que sirva de llave, un pequeño orificio en la tapa sirve para controlar la presión. Se tornea primero el cuerpo de la tetera, después la tapa y el pitorro, para ensamblarlo todo con sus asas, con o sin bambú, una vez unido y retorneado, lógicamente se deben hacer en la zona donde se añade el pitorro unos diez o doce orificios de 5 mm que sirvan para filtrar el té. Basta leer a Henry James para darse cuenta de la importancia del té en las sociedades más acomodadas de los países de habla inglesa, (Chelsae, 1745- 1750, pág. 28, núm. 52), curiosamente los ingleses desarrollaron la tetera cubica que se mantenía firme sin volcarse, dada la popularidad del té en los barcos de pasajeros. Las teteras Yixing son las iniciadoras de este protagonismo del té (págs. 1 y 13, núm. 40) mientras en etapas posteriores el té continuo creciendo en popularidad, basta leer el artículo “Té de China” publicado en la pág. 73, núm. 104. Se pueden ver teteras en varios museos españoles, empezando por la tetera Yixing del Museo Cerralbo, además de una amplia colección de teteras que se encuentra entre los depósitos del Museo Nacional de Cerámica de Valencia y el Museo del Diseño de Barcelona, heredero del anterior Museo de Cerámica y fuera tenemos el Museo de Historia de Shaanxi, con excelentes teteras con esmalte verde celadon, entre otros. En la cerámica contemporánea destacan las teteras de George E. Ohr (pág. 35, núm. 79), en la cerámica revolucionaria tenemos la famosa tetera de Kazimir Malevich (pág. 5, núm. 94 y pág. 88, núm. 127), en una esplendida técnica, muy en la línea de la Bauhaus tenemos las teteras de Marguerite Wildenhain Friedlaender (pág. 36, núm. 116 y pág. 23, núm. 139), las teteras de David Leach son legendarias (pág. 77, núm. 126), Michael Cardew es otro maestro haciendo teteras (pág. 9, núm. 136), en esta misma escuela de pensamiento destacan las teteras de Tom Turner, con los más espectaculares esmaltes (págs. 22 y 25 , núm. 20 y pág. 73, núm. 126).
Más en un concepto de tetera, bajo una perspectiva más de diseño tenemos las de Philippe Barde (pág. 19, núm. 113), Chris Keenan (pág. 70, núm. 112) y Jeroen Bechtold (pág. 22, núm. 64). Por otro lado las teteras pueden ser puras metáforas, en forma de cerebro en las teteras de Richard Notkin (pág. 4, núm. 48) o en forma de calabaza con Esperanza Romero (pág. 62, núm. 112). Otras teteras merecen toda nuestra atención: Harris, Deller (pág. 93, núm. 112), Akio Takamori, Lidya Buzio, Vittorio Riverso, Malcolm Davis, Gwyn Hanssen Pigott, Sergei Isupov, Peter Voulkos, Ron Nagle, Annete Corcoran, Verne Funk, Peter Shire y Toño Pérez. En ocasiones la forma de una tetera en solo fuente de inspiración, como las teteras gigantes de Allan Caiger Smith, Richard Godfrey (pág. 17, núm. 55) y Rosa Luis Elordui (pág. 7, núm. 74). Recordando nuestra sección “Revista de Libros” vemos que se han publicado más de diez libros dedicados exclusivamente a las teteras, donde destaca el libro de Garth Clark “The Artful Teapot” de Thames and Hudson. La tetera es un mundo lleno de pasión.

Antonio Vivas

Fotos, de arriba hacia abajo:

Tetera para exportación Yxing, siglo XVII. 11,1 × 9,8 cm.

Marguerite Wilxdenhain-Friedlaender. Tetera, fondo amarillo, 2930.

Malcolm Davis (Estados Unidos). Tetera con esmalte shino. Textura de reducción inicial.

 

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