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Cerámica y ceramistas

HELENA BRIZIDO
 ( 06/09/2017 )


Dentro del simbolismo tradicional el barro es el nexo que la cerámica tiene con la naturaleza, Helena Brizido de Portugal tiene un cuerpo de obra cerámica de lo más natural, los colores de sus piezas son terreos y calidos, lo que demuestra que las formas más sencillas alcanzan todo su esplendor en la misma sencillez.

La naturaleza y la cerámica inicialmente parecen rehuirse, pero se encuentran antes de lo que se cree, la naturaleza de la obra cerámica de Helena Brizido está siempre en acción, puede que sea que esta gran ceramista portuguesa sabe manejar los cuatro elementos con habilidad, hablamos lógicamente de la tierra, el aire, el agua y el fuego… y si seguimos los consejos de Picasso, añadiríamos la pasión, la misma tierra que da nombre al planeta esta sabiamente reconducida para elaborar cuencos y vasijas de gran belleza. Sus piezas parecen tener alma y aquí encontramos la inspiración en el poema del Tao-Te-King de Lao-Tse que dice “Treinta radios convergen en el centro de una rueda, pero es su vacio lo que hace útil al carro. Se moldea la arcilla para hacer la vasija, pero de su vacio depende el uso de la vasija. Se abren puertas y ventanas, en los muros de una casa y es el vacio lo que permite habitarla. En el ser centramos nuestro interés, pero del no ser depende la utilidad”.
Cada uno sigue el orden de su naturaleza, Helena Brizido encuentra en vez de buscar, son las superficies de sus cuencos y vasijas como una epidermis natural, gracias a unas generosas texturas, el cromatismo de la “piel” de estas formas cerámicas están gozosamente contrastadas. Son cerámicas para disfrutar pausadamente, de saborearlas, forman parte de un paisaje cerámico, y ya se sabe que los paisajes se conquistan con las suelas de los zapatos, no con las ruedas del automóvil.
Las superficies de sus formas cerámicas ofrecen evidencias de su naturalidad, pueden simular cráteres, simular paredes encaladas o un conocido paisaje de Portugal.
Sólo Helena Brizido hace grandes obras sin esperar una recompensa inmediata, más bien aguarda a que las almas más sensibles sepan apreciar su cerámica. El encanto de sus cerámicas es que siendo tan hermosas no conocen que lo son.
Las tierras pertenecen a sus dueños, pero el paisaje es de quien sabe apreciarlo en libertad, igual pasa con la singular obra cerámica de Helena Brizido.

Antonio Vivas

Fotos, de arriba hacia abajo:

Helena Brizido.

Helena Brizido.

Helena Brizido.

 


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